Esta es una pintura de paisajes que encarna la esencia del arte del lavado de tinta oriental. En la parte superior de la imagen, ramas de ciruelo rojo en flor se extienden en diagonal desde el lado derecho, con pétalos que caen suavemente. En el fondo, un enorme sol rojo pálido cuelga sobre las capas de montañas cubiertas de niebla, mientras que en el valle se alza una antigua pagoda de múltiples niveles. En el primer plano, el lago refleja las rocas de color tinta y los pinos verdes, con una neblina difusa flotando entre la superficie del agua y los acantilados. En general, la pintura se basa en los tonos de gris y blanco de la tinta, complementada con un delicado color rojo claro, creando una estética etérea y tranquila que resulta tan poética y pictórica como la belleza oriental.