Diecisiete líneas de GRACIAS, JESUCRISTO apiladas en negrita blanca sin serifas sobre fondo negro puro, llenando completamente el marco en una cuadrícula uniforme. Sin decoración, sin ornamentación, solo la frase devocional repetida hasta que se convierte en puro ritmo y textura. El tratamiento monocromático y austero lo convierte en algo entre un cartel religioso y una impresión tipográfica minimalista: deliberado, confrontacional, casi mantral en su redundancia. Se lee como adoración, obsesión o elección de diseño dependiendo del ojo.